martes, 17 de febrero de 2026

Sin Fe no Puedes Vivir

Texto Bíblico “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6

Objetivo

Despertar en cada oyente la necesidad de fortalecer su fe para poder enfrentar las pruebas, agradar a Dios y vivir con esperanza.

¿Qué es lo primero que viene a su mente cuando oye la palabra desesperación?

1. INTRODUCCIÓN

Marcos 5.25-34. La Palabra de Dios dice “el justo vivirá por la fe” (Romanos 1.17). Sin fe no podemos vivir. Me hace sonreír cuando alguien me dice que no tiene fe, porque yo sé que es muy poco probable que eso sea cierto. Todos vivimos por fe, hasta cierto punto. Cuando vas al médico, necesitas fe para confiar en su diagnóstico. Si comes en un restaurante, debes confiar en las personas que cocinan, y que no envenenaron tu comida (en algunos restaurantes se requiere más fe que en otros). Hubo una vez alguien que no creía en nada, y por eso terminó en el hospital psiquiátrico, donde también murió. Sin fe no pudo vivir.

2. E L OBJETO DE LA FE

Todos los días es un caminar en fe en algún nivel. Todos creemos en algo. Todos escogemos lo que vamos a creer. Algunas personas escogen creer en sí mismas; otras creen en el gobierno; algunas en la ciencia, otras en el mal, otras en el trabajar duro, en el periódico, en otras personas, y algunas creen en Dios.

¿Por qué es tan importante tener fe en Dios? Porque nuestra fe en Dios determina lo que nos sucederá después que dejemos este mundo. Si tu fe está puesta en Jesús, entonces tienes seguridad de un futuro eterno junto a Él, porque “...si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.” (Romanos 8.11 NVI).

Pero la fe no es sólo para el futuro; también la necesitamos ahora, en el presente. Por eso aquellos dos ciegos clamaron a Jesús “¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!... y él les preguntó: —¿Creen que puedo sanarlos? —Sí, Señor —le respondieron. Entonces les tocó los ojos y les dijo: —Se hará con ustedes conforme a su fe. Y recobraron la vista.” (Mateo 9.27-30 NVI).

Es necesario que hoy evalúes tu nivel de confianza en Dios. Necesitas saber con certeza cuánta fe en Él tienes. Es cierto que tienes un cierto control sobre tu vida y que puedes hasta cierto punto determinar cómo te han de salir las cosas. Pero muchas veces algo se te sale de control y terminas mal. ¿Alguien sabe por qué? Porque Dios quiere que recuerdes que lo único que te ayudará a tener un buen resultado final es la fe que tengas en Él. Es decir, Dios quiere que reconozcas que sin fe en Él no puedes vivir.

Seguro que la mujer del flujo de sangre se hubiera muerto si hubiera continuado confiando en los médicos, que nada habían podido hacer por ella. Pero ahora todo en ella estaba cambiando; ahora ella comenzaba a poner su fe sólo en Jesús, y esa fe la hizo vivir. Ella no dudó siquiera un instante de que sería salva mientras avanzaba hacia Jesús en medio de la multitud que la apretujaba y le cerraba el paso. Véase Marcos 5.28.

3. LAS DUDAS Y LA POCA FE

¿Por qué tú no puedes alcanzar respuestas de Dios? Por tus dudas. No es que dudes de la existencia de Dios, pero sí de su poder. A veces dudamos de la habilidad de Dios para venir a nuestro rescate, y nos sentimos abandonados. A veces no dudamos de su habilidad, pero sí de su disposición, y pensamos que Él no tiene deseos de ayudarnos. Dudamos de su amor y su misericordia. Pero la Biblia dice: “…que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; es indeciso e inconstante en todo lo que hace.” (Santiago 1.6-8 NVI). “Pero el que duda... es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14.23).

Si has tenido o estás teniendo momentos de duda, hoy puedes pedir que Dios aumente tu fe, y que a partir de este día tu fe se mantenga en crecimiento. Una fe más grande hará una gran diferencia en tu vida. Causará un impacto grande en tu vida y en la de quienes te rodean. Si tu fe sube, si la medida de tu fe crece, no habrá nada en tu vida que no puedas hacer o al menos afectar de forma positiva.

“Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquel momento. Después los discípulos se acercaron a Jesús y, en privado, le preguntaron: —¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? —Porque ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá” y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.” (Mateo 17.18-20).

Tal vez eres de los que dice “no puedo tener toda esa fe que tienen ustedes”. ¿Sabes? La fe no es nuestra. La fe viene de Dios. Él deposita de su fe en nosotros cuando oímos su Palabra. “La fe viene como resultado de oír el mensaje” (Romanos 10.17 NVI).

“La fe viene por el oír, y el oír de la Palabra de Dios”. Si tú alimentas tu alma con la Palabra de Dios, tu fe comenzará a crecer inmediatamente y te darás perfecta cuenta de que “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lucas 18.27).

Ilustración

Un niño pequeño viajaba en un avión en medio de una fuerte tormenta. Mientras los pasajeros estaban nerviosos, él jugaba tranquilo. Cuando le preguntaron por qué no tenía miedo, respondió: “Porque el piloto es mi papá.” Así es la fe: no es ausencia de tormenta, es confianza en quien dirige el avión

LECCION PARA APRENDER

La fe no hace las cosas más fáciles, pero hace las cosas posibles.

4. CONCLUSIÓN

Hoy Jesús nos invita: “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (hebreos 10.22).

Tú y yo tenemos que desarrollar una certidumbre a toda prueba, como la de Abraham, que “Contra toda esperanza, creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: ‘¡Así de numerosa será tu descendencia!’ Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente Convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia.” (Romanos 4.18-22 NVI).

El Señor está llamándote a experimentar una vida llena de fe, para que compruebes lo que David descubrió: “Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los que en ti se refugian.” (Salmos 31.19). David también entendió que sin fe no podía vivir. Jesús te dice que, si tienes fe para creer en Él, de tu interior “brotarán ríos de agua viva” (Juan 7.38). Ese río es muy poderoso. Tiene suficiente fuerza para lavar una vida de dolor, de problemas, temor, pena, apatía, desesperación, fracaso y duda. Lo hizo con aquella mujer, lo puede hacer contigo hoy, si tan solo vienes a Él con fe. ¿Vamos a orar? ¿Quién quiere tocar el borde del manto del Maestro con su fe puesta en Él?

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