La traducción literal es “se vació a sí mismo”. De esta palabra griega viene el término teológico kenosis que corresponde a la doctrina de la encarnación de Cristo en la que Él se vació de sí mismo para convertirse en hombre.
Fue un acto voluntario de renuncia y no implica que Él se quitara su divinidad o que intercambiara la deidad por la humanidad. Flp 2:6.
Jesús sí renunció o dejó a un lado sus privilegios en varios aspectos importantes:
1) la gloria celestial
porque mientras estuvo en la tierra renunció a la gloria de su relación cara a cara con Dios y el despliegue y disfrute continuo de esa gloria (Jua 17:5),
2) autoridad independiente
porque durante su encarnación Cristo se sometió por completo a la voluntad de su Padre. Flp 2:8; Mat 26:39; Jua 5:30; Heb 5:8),
3) ciertas prerrogativas divinas
porque puso a un lado el despliegue voluntario de sus atributos divinos y se sometió a la dirección del Espíritu. Mat 24:36; Jua 1:45-49
4) las riquezas eternas.
5) Una relación favorable con Dios
porque tuvo que sentir la ira plena del Padre hacia el pecado humano mientras estuvo en la cruz (Mat 27:46; 2Co 5:21).
forma de siervo.
por completo para hacer la voluntad de su Padre (Isa 52:13-14).
semejante a los hombres.
Cristo no solo fue Dios en un cuerpo humano, sino que adoptó todos los atributos esenciales de la humanidad (Luc 2:52; Gál 4:4; Col 1:22),
incluso al extremo de identificarse por completo con las necesidades y debilidades humanas básicas (Heb 2:14; Heb 2:17; Heb 4:15).
Él se convirtió en la versión humana de Dios, plenamente Dios y plenamente hombre.

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