sábado, 24 de enero de 2026

COROS ALEGRES 2025 Hno. Eleazar Roque Canta en Vivo

De la celebración externa a la rendición interna.

Texto base:

Salmo 100:1–4; Juan 4:23–24; hebreos 12:28.

Objetivo:

Que la iglesia comprenda la diferencia bíblica entre alabanza y adoración, aprendiendo a vivir ambas correctamente y en equilibrio espiritual.

Introducción:

En muchos contextos cristianos se usan como sinónimos las palabras alabanza y adoración, pero en la Escritura cada una tiene una función distinta. Cuando se entienden correctamente, la iglesia puede entrar con orden y profundidad a la presencia de Dios.

Pensamiento principal: La alabanza nos abre el camino a la presencia de Dios; la adoración nos lleva a rendirnos completamente delante de Él.

Desarrollo – Cuerpo del bosquejo:

1. La alabanza como expresión externa – Gozo, gratitud y celebración por lo que Dios hace. 2. La adoración como rendición interna – Reverencia, entrega y reconocimiento de quién es Dios. 3. Entrar y permanecer – Puertas (alabanza) y atrios/trono (adoración). 4. El equilibrio bíblico – Una sin la otra produce superficialidad o religiosidad.

Comentario e interpretación del texto:

Salmo 100 establece un orden espiritual: primero se entra con alabanza y luego se permanece con adoración. Solo Dios es digno de alabanza. ¿Cuál es su actitud hacia la adoración? ¿Va con gozo ante la presencia de Dios o lo hace mecánicamente o de mala gana? Este salmo nos dice que recordemos la bondad de Dios y su fidelidad, ¡y luego lo adoremos con acción de gracias y alabanza!

Juan 4 revela que la adoración verdadera va más allá de formas externas y nace del espíritu regenerado.

4.21–24 «Dios es Espíritu» significa que el espacio físico no lo limita. Está presente en todo lugar y puede adorarse en cualquier lugar, a cualquier hora. No es dónde adoramos lo que cuenta, sino cómo adoramos. ¿Es nuestra adoración en espíritu y en verdad? ¿Tiene la ayuda del Espíritu Santo? ¿Cómo nos ayuda el Espíritu Santo en la adoración? El Espíritu Santo intercede por nosotros (Romanos 8.26), nos enseña las palabras de Cristo (Juan 14.26) y nos ayuda a sentirnos amados (Romanos 5.5).

Hebreos 12 nos recuerda que la adoración debe estar acompañada de reverencia y temor santo. por lo que se nos exhorta a rendir a Dios un culto agradecido (v. 28)

Ilustración:

Como un invitado que celebra al llegar a una casa, pero guarda silencio y respeto al sentarse frente al anfitrión, así la alabanza celebra la entrada y la adoración honra la presencia.

Aplicación:

• Practicar la alabanza diariamente con gratitud.

• Cultivar tiempos personales de adoración profunda.

• Entremos ante su presencia de una manera correctamente

Frase final:

La alabanza exalta lo que Dios hace; la adoración honra quién Dios es.

Conclusión:

Cuando la iglesia entiende la diferencia entre alabanza y adoración, experimenta orden espiritual, mayor profundidad y una presencia de Dios más manifiesta.

El altar del corazón

facilitador Lic. Pastor Luis Roque

Texto base: Proverbios 4:23; Romanos 12:1; Salmo 51:16–17

Objetivo:

Que el creyente reconozca que el verdadero altar donde Dios se manifiesta es el corazón rendido, limpio y consagrado, y asuma la responsabilidad de cuidarlo diariamente.

Introducción:

En toda la Escritura, el altar representa el punto de encuentro entre Dios y el hombre. En el Antiguo Testamento era un lugar físico; en el Nuevo Pacto, el altar se trasladó al interior del creyente. Hoy, la presencia de Dios no se mide por edificios, sino por corazones disponibles. Donde hay un altar activo en el corazón, hay comunión, fuego y transformación.

Pensamiento principal:

La presencia de Dios se manifiesta donde hay un corazón totalmente rendido.

Desarrollo – Cuerpo del bosquejo

I. El corazón es el altar principal de la vida espiritual

Proverbios 4:23

El corazón es el centro de decisiones, pensamientos y afectos. Guardarlo significa proteger el altar donde Dios quiere habitar.

II. La consagración es el sacrificio del Nuevo Pacto

Romanos 12:1

La adoración dejó de ser un acto ocasional y se convirtió en una entrega total y continua.

III. Dios acepta el sacrificio interno antes que el externo

Salmo 51:16–17

Antes de cantar, ofrendar o servir, Dios examina la condición del corazón.

Comentario e interpretación del texto

Proverbios 4:23

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón…” Este texto revela que el corazón es el lugar más valioso del ser humano. En el contexto hebreo, el corazón (leb) incluye mente, voluntad y emociones. Cuidar el corazón es mantener el altar limpio para que la presencia de Dios fluya sin obstáculos.

Romanos 12:1

“Presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo…” Pablo introduce una teología apostólica de adoración: ya no se muere en el altar, se vive para Dios. El creyente se convierte en altar, sacrificio y adorador al mismo tiempo.

Salmo 51:16–17

“Al corazón contrito y humillado no despreciarás…” David entiende que el arrepentimiento genuino restaura el altar. Dios no busca perfección externa, sino sinceridad interna.

Ilustración:

Un altar sin fuego es solo una estructura. De la misma manera, un creyente sin rendición interna solo tiene apariencia espiritual. Pero cuando el altar del corazón está activo, el fuego del Espíritu nunca se apaga.

Aplicación:

Examina tu corazón delante de Dios. Pregúntate:

• ¿Está mi altar encendido o descuidado?

• ¿Hay áreas que necesitan ser limpiadas y restauradas?

Rendir el corazón diariamente mantiene viva la presencia de Dios.

Frase final:

El fuego de Dios no cae sobre corazones divididos, sino sobre altares rendidos.

Conclusión:

Dios sigue buscando altares donde manifestarse. No busca perfección, busca rendición. Cuando el creyente restaura el altar del corazón, Dios responde con Su presencia, Su fuego y Su gloria.

La voz que abre los cielos



 Texto base: Isaías 64:1; Mateo 3:16–17; Hechos 4:31

Objetivo:

Que el creyente entienda que la oración hecha con fe, autoridad y alineación a la voluntad de Dios tiene el poder de abrir los cielos y provocar manifestaciones sobrenaturales.

Introducción:

La Biblia revela que el cielo no está cerrado por falta de poder, sino por falta de clamor. Cada vez que el pueblo de Dios levantó su voz con fe, los cielos respondieron. La oración no solo sube palabras: libera atmósferas, abre dimensiones espirituales y provoca respuestas visibles del cielo.

Pensamiento principal:

Cuando el pueblo de Dios clama con fe, el cielo se abre y Dios responde.

Desarrollo – Cuerpo del bosquejo

I. El clamor sincero provoca intervención divina

Isaías 64:1 El profeta no ora en silencio interior; clama con urgencia. El clamor es oración intensa que reconoce la necesidad de Dios. 

Análisis del texto Isaías 64:1 “¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras!” Este clamor surge en un contexto de sequedad espiritual. Isaías entiende que solo una intervención sobrenatural puede cambiar la condición del pueblo. En el lenguaje profético, “romper los cielos” implica eliminar toda barrera entre Dios y el hombre.

II. Los cielos se abren donde hay obediencia y propósito

Mateo 3:16 Jesús no estaba orando por necesidad personal, sino cumpliendo propósito. La obediencia abre los cielos. 

Análisis del texto Mateo 3:16–17 “Los cielos le fueron abiertos…” Aquí vemos una revelación poderosa: los cielos se abren cuando hay alineación total con la voluntad del Padre. El cielo responde no solo a la oración, sino a la obediencia.

III. La oración unida sacude lo natural

Hechos 4:31 Cuando la iglesia oró unánime, el lugar tembló y el Espíritu Santo descendió con poder. Haciendo Análisis del texto de Hechos 4:31 “Cuando hubieron orado, el lugar… tembló” La iglesia primitiva entendía el poder de la oración colectiva. El temblor no fue emocional, fue una manifestación física de una respuesta espiritual.

Ilustración:

Así como una represa se abre cuando la presión interna es suficiente, los cielos se abren cuando el clamor del pueblo de Dios alcanza intensidad espiritual. No es el volumen de la voz, es la fe la que genera presión espiritual.

Aplicación:

Eleva tu nivel de oración. No ores solo por costumbre, ora con expectativa. Clama por tu familia, tu iglesia y tu ciudad creyendo que el cielo responde al clamor genuino.

Frase final:

Cuando la tierra clama con fe, el cielo responde con poder.

Conclusión:

Los cielos no están cerrados para el creyente que ora con fe, obediencia y unidad. Dios sigue buscando voces que clamen, porque cada vez que alguien clama con fe, el cielo se abre y Su gloria se manifiesta.